Cómo dar malas noticias a los niños

Cómo dar malas noticias a los niños

“No sabía cómo decírselo.”

A veces ese momento te pilla en cualquier sitio: en la cocina, en el coche, justo antes de dormir… y piensas que no es el momento o lugar más adecuado, y lo vas posponiendo un día más, a ver si mañana encuentras la forma perfecta de decírselo.

Porque hay conversaciones que nadie quiere tener: decirle a un niño que alguien ha muerto, que mamá y papá ya no van a vivir juntos o que algo importante va a cambiar y él no lo ha elegido. Pero, aun así, ese momento llega y no hay un plan o un guión a seguir.

Cuando el adulto también está afectado

Antes de pensar en cómo decírselo, hay algo importante que casi nunca se dice: tú tampoco estás bien.

Normalmente cuando tienes que dar una mala noticia a un menor es porque ha pasado algo que también te afecta a ti. Te duele, tienes miedo de hacerlo mal, de decir algo que lo marque o lo traumatice o de no saber sostener lo que venga después. Y con todo eso a cuestas, tienes que sentarte delante y explicarle algo que ni tú terminas de asimilar del todo. Por eso muchas veces lo retrasamos, o le damos mil vueltas, o lo suavizamos tanto que acaba siendo confuso. Pero los niños no necesitan un discurso perfecto, lo que necesitan es un adulto que esté presente y disponible.

Tener en cuenta su edad y su manera de entender el mundo

Seguro que más de una vez has escuchado “Es muy pequeño, seguro que no se entera.” Es importante entender que los niños captan muchas más cosas de las que pensamos. Los niños sienten y perciben lo que ocurre, pero no lo hacen como los adultos. Su forma de pensar y de entender el mundo es diferente, y por eso necesitan explicaciones adaptadas a su edad.

En los más pequeños, la información debe ser muy básica, concreta y repetida si hace falta. Les cuesta procesar mucha información de golpe, así que es mejor tener conversaciones breves pero frecuentes, todas las veces que haga falta.

A medida que crecen, vamos a poder darles información un poco más detallada y probablemente no será necesario repetirlo tantas veces. Especialmente en etapa escolar, empiezan a estar más expuestos a noticias externas: cosas que oyen en el colegio, en la televisión o de otros niños. En esos casos, será importante ayudarles a poner contexto y que entiendan que a veces pasan cosas malas, pero eso no significa que les tenga que ocurrir a ellos. Y sobre todo que los adultos estamos ahí para protegerlos.

¿Cómo dar la mala noticia?

Y ahora viene la pregunta del millón. “¿Cómo le doy esta noticia de una forma adecuada?”.

Como hemos comentado antes, no hace falta tener las palabras ideales. Lo que sí marca una gran diferencia son varios factores importantes que vamos a ver ahora.

Que la noticia la dé alguien de confianza

A ser posible la persona o personas más cercanas al/la menor y que se encuentre en un estado emocional mínimamente estable para poder transmitir la noticia de forma calmada y adecuada a sus necesidades.

Ser honesto y no “suavizar” en exceso

Que el lenguaje sea sencillo, claro y sincero. Nunca se le debe mentir, pero la cantidad y tipo de información tiene que estar ajustada al menor. No se trata de soltar la verdad de golpe y sin cuidado, pero sí de no disfrazarla hasta que deje de tener sentido.

A veces, usamos frases como: “Se ha ido”, “está dormido”, “todo va a estar bien”. Lo hacemos por proteger, claro, pero lo que conseguimos es justo lo contrario porque si “suavizamos” en exceso le generaremos confusión. Si le decimos que alguien está dormido, puede que aparezca miedo a dormirse por si no se despierta más. Si decimos que “se ha ido”, puede quedarse esperando a que vuelva.

Con temas como la muerte, por ejemplo, ayuda usar algo que puedan entender: que el cuerpo ha dejado de funcionar, que ya no respira, que no siente dolor… Y si en casa tenéis creencias religiosas, se pueden incluir, pero sin sustituir lo básico. También es fundamental dejar claro algo que cuesta decir pero evita mucha confusión: “no lo vamos a volver a ver”.

Que haya espacio para las emociones (las suyas, pero también las tuyas)

Los niños no solo escuchan lo que decimos, también observan cómo lo decimos, cómo los miramos, si pueden preguntar, si pueden llorar…esta será una buena oportunidad para que aprendan algo muy importante: que se puede hablar de lo que duele y que va a haber alguien que nos de apoyo durante estos momentos.

Después de contarlo, puede pasar cualquier cosa. Que pregunte sin parar, que no diga nada, que se enfade o que se ponga a jugar como si nada. Todo eso entra dentro de lo esperable. Aquí es importante hablar con el niño sobre lo sucedido. Preguntarle cómo se siente y ayudarle a poner palabras a lo que le pasa: tristeza, miedo, enfado, confusión. Frases como: “Esto que sientes es normal”, “Yo también me siento así”, “Puedes preguntarme lo que quieras” le enseñan que no tiene que gestionar esto solo. Y sí, también puedes decir “no lo sé” cuando no tengas una respuesta. Eso también es acompañar.

Preguntas difíciles y cómo sostenerlas

“¿Y tú te vas a morir pronto?” Detrás de esa pregunta no hay curiosidad, hay miedo. Más que dar una explicación larga, lo importante es tranquilizar: “Ahora estoy bien, no tengo por qué morirme pronto. Estoy aquí contigo.” Los niños no buscan certezas absolutas, buscan seguridad emocional.

El equilibrio del adulto: sentir sin desbordarse

Puedes mostrar tristeza y puedes llorar si lo necesitas. De hecho, es positivo porque así le demuestras que uno puede expresarse y sentir emociones desagradables, pero es muy importante no desbordarse para que el niño no sienta que pierde a su figura de referencia y que tiene que cuidar de tí. No se trata de esconder el dolor, sino de que el niño siga percibiendo que, a pesar de todo, hay alguien que sostiene la situación. Se trata más de mostrar que duele…y que aun así seguimos.

En casos concretos como la separación de los padres

Si es posible, lo ideal es que ambos padres den la noticia juntos, con un mensaje claro y acordado, sin entrar en detalles innecesarios, ni culpas, ni rivalidad. Puede decirse algo como: “Papá y mamá ya no son felices juntos, y hemos decidido vivir separados. Pero los dos te queremos muchísimo y vamos a seguir cuidándote.” Es importante decirlo cuando la decisión es firme, no en momentos de duda. Y anticipar los cambios, pero también transmitir seguridad: va a haber cambios, sí, pero no va a perder el amor ni el cuidado. Puedes leer mas sobre cómo ayudar a los niños en caso de divorcio.

Cómo actual al dar malas noticias

¿Y después cómo actúo?

Muchas veces pensamos que lo más importante es ese momento.
Pero lo más importante viene después, porque dar una mala noticia no es un momento, es un proceso. El niño irá entendiendo poco a poco, a su ritmo y volverá a ti más de una vez con nuevas preguntas. Ahí es donde realmente lo vas a acompañar.

Presta atención a cómo reacciona con el tiempo y ten en cuenta que, que no diga nada no significa que no esté sintiendo. Anímalo a hablar, preguntándole de vez en cuando cómo se siente, pero sin forzarlo. Si se siente acompañado y en un espacio seguro, es mucho más probable que vaya compartiendo sus dudas y lo que siente.

Si no sabes cómo dar una mala noticia a tu hijo/a o un ser querido de tu familia y crees que podemos ayudarte, no dudes en ponerte en contacto con nosotras. Estaremos encantadas de acompañarte en este proceso.

Y recuerda que lo importante no es hacerlo perfecto. Es estar presente, acompañado y siendo honesto. Una mala noticia mal explicada puede generar mucha confusión o inseguridad, pero una mala noticia bien acompañada, aunque no sea perfecta, enseña algo muy valioso: que las cosas difíciles duelen menos cuando las pasamos con alguien al lado.

Aina Fiol Veny
Psicóloga Col. Nº B-02615